lunes, 1 de julio de 2013

El cine de la devoción (Nathaniel Dorsky)


Quién no se ha olvidado de sus tristezas al contemplar una obra de arte, quién no se ha sentido sanado al leer y transportarse a otra realidad, al dejarse envolver por una ópera... Dorsky nos habla del cine como otro arte que coloca al espectador ante una experiencia que le va a conmover, para bien o para mal, de ahí su responsabilidad. El cine con su poder de influencia y su capacidad curativa, al poder ser capaz de reflejarnos y elevarnos en su grandeza.

"Todos hemos tenido la experiencia de salir de un cine y no querer ver a nadie, o de mirar el extraño dibujo de la alfombra, las manchas de refresco y demás, apartando los ojos de nuestros compañeros de sesión. (...) El arte ha tenido un largo historial de uso como modelo de salud. ¿Qué es aquello que, en la naturaleza del cine, puede producir buena o mala salud? Es la capacidad del cine para reflejar o reorganizar nuestro metabolismo."

Describir el mundo queda atrás, transmitir una mirada de lo que es el mundo va más allá, no se limita a reproducir, sino que crea.

"Hay una diferencia extremadamente sutil, pero importante, entre una imagen que es en sí misma un acto manifiesto de visión y una que utiliza la visión para representar el mundo."



La intermitencia como acercamiento a la visión real de las cosas y la sutileza como forma de expresar y sugerir lo no mostrado.

"La cualidad de la luz tal y como la experimentamos en el cine es la intermitencia".
(...) incluso nuestra visión parece ser intermitente, lo que explica por qué, en el cine, las panorámicas a menudo parecen artificiales o forzadas. Esto viene del hecho de que uno nunca efectúa una panorámica en la vida real."
"Un segundo aspecto tiene que ver con la naturaleza del montaje, el desarrollo de los acontecimientos o la naturaleza narrativa de nuestras vidas. (...) En cierto sentido, que la película sea verdadera tiene que confiar en su intermitencia. Su montaje tiene que presentar una sucesión de eventos visuales que sean suficientemente incompletos y al mismo tiempo poderosos como para permitir que el sentido más básico de la existencia del espectador "rellene los huecos".(...) Permitir la intermitencia en una película activa la mente del espectador."



Los tiempos relativos de las historias y el tiempo absoluto del ahora. "El ahora es siempre... el ahora."

Ozu, como máximo representante del símbolo de sí mismo, una mirada sobre lo que somos. "Cada plano, cada corte, cada personaje, cada situación de la historia, a la vez que funciona sin duda en el contexto narrativo, no se refiere a nada salvo a sí mismo.  Cada momento se abre en el ámbito de lo que en realidad es." (...) "No respetar la pantalla como símbolo de sí misma es tratar a la película como un medio para la información."


Plano y cortes. Silencios y corcheas, lograr la armonía, el sentido y la belleza:
" Si se ignora lo conmovedor que un corte puede llegar a ser, o si los planos tiene tanto orgullo y están repletos de egoísmo visual como para que cortarlos se convierta en una disrupción de la propia superficie visual, entonces la delicadeza de este contrapunto no podría desarrollarse. (...) Un corte debe funcionar a nivel visual, en términos de forma, 
textura, color, movimiento y peso. De algún modo el desplazamiento de un plano a otro tiene que crear una frescura visual para la psique. (...)".

"Un gran corte revela el orden inquietante y poético de las cosas."

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