lunes, 14 de diciembre de 2020

ROJO Y NEGRO de Stendhal

ROJO Y NEGRO-Stendhal 



 
Rojo y Negro se convierte en MI libro..., ¿será la emoción que todavía me acompaña después de varios días de haberlo terminado? Dejar unos días de reposo al final apasionado y lacrimógeno me da la perspectiva suficiente para valorarlo como, sin atreverme a decir la mejor, una de las mejores novelas que ha caído en mis manos. Y solo me quedan las ganas de que dentro de unos años haya olvidado los detalles para releerla como si fuera la primera vez, ansío una futura visita a sus páginas que me vuelva a conmover con la misma intensidad.



Es inevitable reconocer en Rojo y Negro lugares comunes con la literatura de Dostoievski debiéndose a que comparten la condición de novela psicológica, siendo los estilos, fondo y forma de lo más dispares entre ellos. Sin embargo, la comparación nos lleva a que ambos exploran la mente humana, la autoconsciencia de la conducta de uno mismo y desgranan permanentemente el papel que cada individuo juega dentro de la sociedad.



Tomando por ejemplo Crimen y Castigo, Raskolnikov se mueve por reflexiones filosóficas desde el distanciamiento y aislamiento; en cambio Julien Sorel se integra y sumerge en las distintas capas de la sociedad francesa del momento de forma camaleónica. Y ambos de clase baja, proletaria y campesina respectivamente, el primero no pretende salir de ella y el segundo a toda costa. Pero en ambos se profundiza dentro de sus mentes en un continuo autoanálisis de su mente y personalidad.



Rojo y Negro construye de manera precisa y realista un carácter, el peso de la novela recae en la personalidad de Julien Sorel. Stendhal dibuja un condensado retrato de las pasiones y condición humana. En este caso el joven cura encarna la hipocresía eclesiástica y en general la hipocresía de la sociedad tanto en los pueblos de provincias como en la capital, París. Julien reflexiona sobre este concepto repetidamente, fruto de la observación de la gente que le rodea y su manera de actuar, y utiliza su conocimiento e inteligencia superior para hacer de eso un arma con el que conquistar a la sociedad. Y lo hace, precisamente, siendo hipócrita. Un cura hipócrita consciente; y de su consciencia constante no hay momento en que no actúe en función de lo que le marca su objetivo, de forma premeditada, fría y totalmente calculadora; un carácter maquiavélico opuesto a una fisonomía que inspira ternura e ingenuidad. Un estratega de las relaciones sociales: Rojo de soldado y negro de cura; el disfraz para moverse bajo sus estrategias de ataque y defensa.



A su vez vive en la contradicción por el deseo de pertenencia a la misma sociedad que critica, carente de valores y autenticidad, en soledad lee a Voltaire, oculta su admiración por Napoleón y se enamora. El amor se interpone en su camino, su cabeza fría deja de estarlo para acalorarse apasionadamente y perder el rumbo. De ahí su lucha entre lo racional que le dicta su mente y lo irracional de su corazón que le frena en sus ambiciones. Lo describe como un estratega del amor: batallas de seducción con claros ataques, defensas y retiradas a tiempo.

El romanticismo stendhaliano más pasional en contraposición con un profundo análisis social y político.




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